El simulacro que no se hizo siempre aparece en el siniestro
Cuando se analiza un siniestro grave, casi nunca el problema principal es el evento en sí. El problema aparece en los minutos, horas y días posteriores. Ahí es donde se revelan las fallas reales: nadie sabía qué hacer, quién debía actuar ni qué información era crítica.
Los simulacros existen precisamente para eso: para cometer errores cuando todavía no cuestan dinero, reputación ni continuidad operativa.
Sin embargo, en muchas empresas los simulacros son inexistentes o meramente formales. Se hacen para cumplir, no para aprender.
Simular no es ensayar un guion, es exponer debilidades
Un simulacro útil no busca confirmar que “todo está bajo control”. Busca lo contrario: encontrar dónde no lo está.
En gestión de riesgos y seguros, un buen simulacro debería poner a prueba, como mínimo:
- Los tiempos de respuesta internos.
- La cadena real de comunicación.
- La disponibilidad de documentación clave.
- La comprensión de las obligaciones frente a la aseguradora.
- Las decisiones que podrían agravar el daño.
Cuando estas pruebas no se hacen, el siniestro se convierte en el primer simulacro. Y ese es el más caro.
Errores reales que se repiten en siniestros empresariales
A lo largo de distintos sectores, los errores tienden a repetirse con una regularidad inquietante:
- Demoras en la notificación del siniestro.
- Alteración de la escena sin documentar correctamente.
- Falta de registros de mantenimiento o controles previos.
- Decisiones operativas bien intencionadas, pero contractualmente incorrectas.
Ninguno de estos errores suele ser malicia. Son consecuencia directa de no haber entrenado.
Un caso real en Uruguay: cuando el daño no fue solo material
En Uruguay existen antecedentes públicos de incendios industriales y siniestros operativos de alto impacto que dejaron una enseñanza clara.
En uno de estos casos, ampliamente difundido en su momento, una empresa sufrió un incendio significativo en sus instalaciones productivas. El daño material era importante, pero manejable desde el punto de vista del seguro.
El problema surgió después:
- La notificación a la aseguradora no se realizó en tiempo y forma.
- Se realizaron tareas de limpieza y remoción sin documentación adecuada.
- No se contaba con registros completos de mantenimiento exigidos por la póliza.
El resultado fue una indemnización parcial, largos conflictos y una afectación severa de la continuidad del negocio.
Lo relevante no es el nombre de la empresa. Es la lección: el mayor error no fue el incendio, fue no haber entrenado qué hacer cuando ocurriera.
Qué deberían incluir los simulacros en empresas aseguradas
Un simulacro bien diseñado no es genérico. Se adapta a los riesgos reales de la empresa.
Debería incluir:
- Escenarios de siniestros plausibles, no extremos irreales.
- Roles claros y asignados previamente.
- Práctica de notificación y registro.
- Evaluación posterior de errores cometidos.
- Ajustes concretos en procesos y coberturas.
Sin esta retroalimentación, el simulacro es solo una actuación.
Aprender antes de perder
Las empresas que integran simulacros a su entrenamiento no eliminan los siniestros. Eliminan la improvisación.
Entienden que el seguro responde mejor cuando la empresa sabe cómo responder primero.